HOY: CASTILLO DE TOMAR/CONVENTO DE CRISTO
La historia de Tomar está estrechamente ligada a la de
El lugar sobre el que se eleva el castillo de los Templarios fue bautizado en 1190 con el nombre árabe de Nabaô, donde Gualdim Pais acababa de repeler un ataque musulmán. Después de haber intentado retomar Silves (en el sur de Portugal), el emir de Marruecos, al frente de una gran armada apoyada por las tropas de los reyes andaluces, había avanzado hacia el norte, había atravesado el Tajo, había llegado a Santarém donde se encontraba el rey Don Sancho y había conquistado Torres Novas y Abrantes. Se disponía a hacer lo mismo con Tomar pero, después de seis días de asalto, los templarios aún mantenían férreamente el castillo, donde se había refugiado la población. Los asedios causaron terribles pérdidas a los Moros, principalmente cuando éstos consiguieron forzar la puerta sur del castillo y entraron a millares en el recinto exterior. Lanzando un contraataque inmediato, los cristianos los repelieron con tal ímpetu e hicieron tantos cortes entre sus enemigos que la puerta tomó el nombre de "puerta de la sangre".
El patio del castillo va desde la Puerta del Sol hasta la Rotonda, situada al noroeste. En la parte más elevada de la colina, el recinto de la torre del homenaje está marcado por muros de gran altura de donde emerge la propia torre. En el suroeste, en el extremo de otro tramo de muralla (hoy desaparecidas), se eleva la torre de la Condesa. Otras dos murallas que se extienden hacia el suroeste están reforzadas con torres y torres de ángulo de formas variadas. La diversidad de las formas y los volúmenes, el juego de perspectivas entre el patio de la torre del homenaje y el recinto exterior, los ajimeces, los arcos, los merlones adornados con cruces, el paisaje boscoso de alrededor, todo ayuda para hacer de este castillo un monumento extraordinario y reconocido como tal por la Unesco







