Hoy El castillo de Sortelha.
El castillo de Sortelha se alza sobre un risco a 760 metros sobre el nivel del mar, en el lado sur de la villa del mismo nombre, en el distrito de Guarda, Portugal.
La zona ya fue ocupada por romanos, visigodos y musulmanes. La datación del castillo no está bien documentada. Parece ser que fue Sancho I el que fundó la villa entre los años 1210 y 1212, posiblemente sobre un asentamiento anterior, lo que hacen de Sortelha una de las poblaciones más modernas de Portugal. Lo que sí se sabe es que en 1220 ya existía el castillo. Su estilo románico y su configuración con la torre del homenaje aislada en el interior del recinto, similar a la arquitectura templaria de la época, permiten datarlo en esas fechas. En cualquier caso, su presencia resultó de gran importancia en la defensa de las tierras de Riba-Cõa, cuya posesión fue durante bastante tiempo objeto de disputas entre León y Portugal. Ello obligó a llevar a cabo constantes reformas y mejoras en sus defensas, como las llevadas a cabo por don Dionís y don Fernando, en los siglos XIII y XIV respectivamente. También don Manuel I tuvo necesidad de mejorar una vez más las defensas de la fortaleza, y prueba de su importancia estratégica es que, en 1522, nombró alcaide de la misma a un hombre de su entera confianza, García Zuzarte.
Posteriormente, el castillo fue adquirido por Luis da Silveira, que fue nombrado Conde de Sortelha por don João III.
En 1640, a raíz de la Guerra de Restauración, volvió a sufrir algunas reformas, esta vez para adaptar el recinto al uso de la artillería, así como su utilización como prisión, siendo objeto de ataques procedentes de Castilla durante los largos conflictos mantenidos entre España y Portugal.
Tras las Guerras Peninsulares, su cometido militar lo condenó a la decadencia, quedando desguarnecido a partir de 1855.
El castillo de Sortelha adapta su perímetro amurallado al risco sobre el que se asienta, formando polígono irregular alargado en dirección este-oeste. En su arquitectura, mezcla de elementos románicos, góticos y manuelinos, se observan las distintas reformas realizadas en el recinto a lo largo de su existencia. Cuenta con dos puertas: la que se abre al interior de la villa y una poterna situada en la cortina sur, que da al campo.
La puerta principal, ubicada en el extremo oeste del recinto sobre un afloramiento rocoso, cuenta con una pequeña barbacana. Se cierra mediante un arco de medio punto, y la defienden un matacán sustentado por cuatro ménsulas y un saliente de la muralla que actúa a modo de torre. Junto al matacán puede verse el blasón del rey don Manuel I.
La poterna se abre en el lado sur. Es una puerta básica, del mismo estilo y fábrica que la principal.
El adarve, casi desprovisto de parapeto por la cortina sur, recorre todo el perímetro del recinto. Para acceder al mismo solo se dispone de una escalera, situada en la cortina sur. La zona que protege la entrada principal cuenta con un parapeto más alto, provisto de un arco de medio punto para acceder al matacán, y dispone de troneras de cruz y orbe.
En el patio de armas podemos ver un brocal de piedra de forma cuadrangular que corresponde el aljibe, así como varios mechinales en la muralla que indican la existencia de dependencias fabricadas con madera, hoy desaparecidas, para alojamiento de la guarnición, almacenes, etc.
La torre del homenaje se levanta sobre un risco granítico, totalmente exenta del resto del edificio si bien muy próxima a la cortina norte. Su acceso es en extremo complicado, ya que su única puerta, situada en la cara sur, está sobreelevada sobre su base rocosa. Además, su vano es de muy poca altura, de alrededor de metro y medio a lo sumo. La ausencia de restos de estructuras de obra o de mechinales para pasarelas de madera hacen pensar que su acceso debía ser mediante escalas de mano. Cuenta con merlones rematados con pirámides cuadrangulares, y solo se observa una aspillera en la cara oeste, cubriendo el patio de armas. En la base del lado norte se observa un desaguadero. La imposibilidad de reconocer el interior de la torre impiden saber cual era su cometido, si como desagüe de una letrina o para evacuar el agua que se acumulase en la azotea por la lluvia.
La muralla del castillo se une con la cerca urbana por el lado oeste, junto a la puerta principal. Por el extremo este, la abrupta orografía del terreno no hacen necesario enlazar le cerca urbana con el castillo, ya que las rocas que surgen del suelo actúan como muralla natural.


