20.6.11

BS AS CELEBRA EN CLARIN Y REPORTAJE A NUESTRA SOCIA JUDITH MADEIRA

Las huellas de los inmigrantes, en una celebración portuguesa

Debajo de la chalina de lana blanca que la protege del frío se asoma el tradicional pañuelo con estampa de flores rojas, amarillas, naranjas, verdes. “Es típico, lo usamos casi todas”, señala orgullosa Judith Rosa Viegas. “Todas” son las mujeres –grandes y chicas– que ayer por la tarde participaron de Buenos Aires Celebra a Portugal , en el marco del ciclo de homenajes que organiza desde hace dos años la Dirección de Relaciones Institucionales de la Ciudad en la Avenida de Mayo.

Judith tiene 89 años y llegó al país a los 17. “Bajé del barco el 2 de septiembre de 1939”, precisa con un resto de acento en su pronunciación. “Vine a encontrarme con mi padre, José. El había viajado cuando yo tenía cuatro años porque en la Argentina la plata era muy fuerte. Un día de trabajo acá daba para comer un mes allá. El era zapatero, toda la vida trabajó de eso”, sigue. Acá se casó con José Madeira, también portugués, y tuvieron dos hijos, cinco nietos y van por el quinto bisnieto. Claro que mantuvieron las tradiciones . “Cuando estábamos recién casados ganamos un concurso de corridinho”, cuenta, en referencia a uno de los bailes típicos del Portugal. ¿En la cocina? “Mucho pescado, bacalu ”, repasa. Su especialidad es el arroz con calamares.

“En el país hay alrededor de 40 mil o 50 mil descendientes de portugueses”, estima Dulio Moreno, que en honor a los genes de sus bisabuelos es uno de los organizadores del encuentro que contó con stands con comidas y productos típicos, música y un desfile de los diferentes clubes y agrupaciones.“Hay una gran concentración en el Conurbano. En el Sur, en Villa Elisa, La Plata, Ezeiza y en el partido de Esteban Echeverría. Y también en el Oeste: Isidro Casanova, González Catán, Pontevedra, Libertad”, sigue. Es que los portugueses hicieron una inmigración en cadena: se asentaban en un lugar y luego iban convocando a otra gente de su comunidad.Hubo una primera oleada migratoria entre 1920 y 1930, y otra entre 1950 y 1965. En ese momento llegó Antonio Antunes Canas, consejero de la comunidad portuguesa en el país. “Yo nací en el centro de Portugal y me trajeron cuando era muy chiquito. Nos instalamos en Ezeiza y nos dedicamos a cultivar verduras, una de las tres actividades que tenían los portugueses aquí, además de los hornos de ladrillos y el cultivo de flores”, explica mientras se acomoda la bufanda roja y verde.Los que emigraban no tenían oficio y se adaptaban a las necesidades del lugar al que llegaban. “Buenos Aires crecía, se precisaban alimentos y ladrillos y al parecer eran trabajos que nadie quería hacer”, sigue Antunes Canas.Suena una vira y tres parejas despliegan una danza alegre. Después habrá tiempo para la nostalgia del fado que, para muchos, es un género que se lleva de maravillas.

Diario Clarín 12.6.2011