25.4.13

TABU- ESTRENO PORTUGUES EN LA ARGENTINA

Este jueves se produjo el estreno en el país de una película portuguesa del año 2012.
El film del director Miguel Gomes tiene un reparto de excelentes artistas portugueses (Ana Moreira, Carloto Cotta, Henrique Espírito Santo, Isabel Muñoz Cardoso, Laura Soveral, Teresa Madruga)
La película recibió los premios Festival de Berlín: Premio FIPRESCI y Alfred Bauer.

En 1931, dos de los directores capitales del cine mudo, F.W. Murnau y Robert Flaherty, unían fuerzas en “Tabu”, tragedia romántica en la que confluían tanto la mirada constante del primero hacia los efectos perniciosos de la civilización como la poderosa seducción del segundo por la naturaleza con la que colisiona. El diálogo entre ambos cineastas daba lugar a una de las piezas más bellas de la época silente, un hermoso y lejano precedente del Terrence Malick de los paisajes micronesios condenados a atestiguar la autodestrucción humana.


De aquel original, el portugués Miguel Gomes apenas toma prestado el título y una cierta nostalgia por el paraíso perdido para su excelente “Tabú”. De difícil clasificación, la de Gomes es una insólita y laberíntica obra en la que puede leerse tanto un ensayo sobre la melancolía post-colonial como una insinuada tesis sobre la conexión de las almas o incluso la crónica de una pasión prohibida como reescritura de las memorias de Karen Blixen. Todas esas lecturas son posibles a partir de un díptico que enfrenta, en respectivos formatos de blanco y negro de 32 y 16 mm., el relato actual de una anciana burguesa que en su soledad sospecha de la brujería de su criada, y su pasado en una África sudorosa, granulada y apta para el deseo sin la moral estricta del primer mundo. En el primero, una solitaria vecina —una Teresa Madruga que no podría decir más con menos— se identifica con el mismo afligimiento por lo perdido, descargado más allá de la lógica en idénticas lágrimas que lloran el Tú serás mi baby de Les Surfs. En el segundo, una mohína voz narradora se superpone a imágenes enmudecidas del recuerdo, expresión bellísima de un pretérito embalsamado e idealizado como toda gran historia de amor.
En las interrelaciones entre ambas partes, se fragua el misterio de una película en cuya narrativa única uno puede identificar el tiempo anterior —aquí un continente, un país innominado— como ese tesoro insensato y lleno de fantasmas amados que pactan con bestias milenarias. Como si los espectros errantes de Apichatpong Weerasethakul se reencarnaran en el cocodrilo inaugural de “La delgada línea roja” (Malick, 1998) al son de una canción de los años 60. En esa conciliación imposible de formas terrenales y espirituales, es donde “Tabú” se revela con mayor lucidez como la joya que es, compleja y penetrante, diáfana en su cartografía de emociones y contradicciones a caballo entre un pasado y un presente en conflicto.




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