17.8.13

PILAR DEL RIO EN CORDOBA

La viuda y traductora del Premio Nobel se presentó este viernes en el Festival Internacional de Literatura de Córdoba y recordó anécdotas del escritor. Confirmó que pronto se publicarán las páginas que el autor portugués escribió antes de morir
El espíritu de José Saramago sobrevoló Córdoba este viernes cuando su viuda Pilar del Río presentó junto a Miguel Koleff el libro La caverna de José Saramago: una imagen dialéctica. Fue en el auditorio de Radio Nacional, y en el marco del Festival Internacional de Literatura (Filic).
No sólo traductora de su obra, sino también receptor del intenso amor del Premio Nobel, Del Río se prestó para una charla que tuvo como fin describir al escritor. Visiblemente cómoda y ocurrente, la periodista española se convirtió por poco más de una hora en el médium mediante el cual Saramago se apersonó a través de las anécdotas de su vida compartida, frente al público compuesto por unas 200 personas.
Y aunque reconoció con una sonrisa haber relatado lo mismo en incontables oportunidades, mostró una cuota de paciencia similar a la que su esposo supo tener con los reporteros que lo abordaban siempre con parejos interrogantes. Cómo se conocieron, cómo la muerte de su hermano moldeó la relación con su madre, qué hechos precipitaron su mudanza de Portugal a la isla de Lanzarote, su trabajo, sus transformaciones, su visión del mundo. Todos esos datos se volvieron vívidos y llegaron esta vez a la audiencia con voz de mujer y tonada ibérica.
Quizás la más conmovedora de las respuestas tuvo que ver con la descripción de su marido. “¿Quién es Saramago?”, le preguntó Koleff en esa suerte de diálogo que entablaron en el escenario. “Pues yo soy una insensata. Si lo supe he dejado de saberlo”, dijo divertida. Pero la respuesta era sólo un distractivo para romper el hielo. Quien más lo conoció en vida y obra utilizó las palabras justas para detallarlo: “Era un ser con familia que no tuvo acceso a los estudios universitarios y lo sintió siempre. Era lúcido, brillante, compasivo, coherente y con sentido del humor. Le gustaban los perros y era un gran paseador. Saramago tenía ideas muy claras y nunca bajó la cabeza. Tampoco aceptó ningún pensamiento por bueno”, contó.
En relación al trabajo, rescató la lealtad del dramaturgo con las editoriales que publicaron sus libros por los vínculos que sostenía con la gente que trabajaba en ellas. Además, volvió a apuntar a los “gobernantes que nunca entraron a la cocina” como los responsables de su exilio voluntario tras la enorme polémica que desató El Evangelio según Jesucristo. “Le dijeron tres cosas: que ofendía al catolicismo, que él era comunista y, lo que más lo enojó, que estaba mal escrito”, rememoró Pilar con una mueca irónica, enumeración que fue recibida con carcajadas de refuerzo por el auditorio.
Pero no todo fue remembranza. Del Río aprovechó también la oportunidad para dar dos noticias relacionadas con el legado del escritor. Una buena y una mala. La buena es que, como ya se venía anunciando, en breve verá la luz su última creación inconclusa. “Quizás en unos meses veamos publicadas las páginas que escribió antes de morir”, confirmó, aunque aclaró que “se van a publicar en condiciones que sean dignas de Saramago y de los lectores”. La ratificación dio pie a otro detalle más sombrío y que tiene que ver con la aceptación de lo irremediable: con ello la obra del portugués estará completa y no se puede esperar que aparezca nada más en el futuro.
Después, Del Río se despidió de Córdoba, no sin antes invitar a encontrarse con la obra de Saramago en las bibliotecas públicas. “Nos engrandece leerla. Leyendo nos hacemos más sabios y más buenos”, concluyó. Y por un instante, se sintió como si Saramago hubiera estado un ratito allí, como si esa promesa pendiente de visita a nuestra capital hecha en 2007 se hubieRA CUMPLIDO.
Por Cecilia Sánchez
Publicado en "La Voz" de Cordoba